domingo, 18 de noviembre de 2007

Mother Effect

Os hablaba la semana pasada del curioso microclima que pasaba a la entrada de los colegios cuando miles de madres iban en el mismo instante temporal a llevar a los crios. ¡Qué grande es el efecto cuando además es en una zona declarada catastrófica por la ONU! El otro día hallábame paseando al lado de la ilegal Escuela de Arte, donde el Moliére, a eso de las dos menos veinte de la tarde. Y no pude llenarme más de gozo ante una escena tan dantesca.

Resumiendo la historia de la zona: Era un paraíso en el que todo el mundo llegaba y aparcaba hasta que llegaron los malvados martillos gigantes y echaron a todo el mundo de ahí para construir sin licencia una Escuela de Arte que nadie quiere, ni siquiera los mismos universitarios. Se quitaron cientos de aparcamientos y vías de acceso indispensables. Más información en la serie de entradas "Art Attacks" de este blog :)


El planeta entero se solidarizó: las ONGs empezaron a dar ayudas para hacer más aparcamientos y para meter en un sanatorio mental a Antonio Becerril; el ejército de EEUU se ofreció voluntario para llevar ayuda humanitaria a las madres atrapadas en el caos de la entrada del colegio. La gente se manifestaba en París y en Nueva York a favor de los pobres sufridores de la zona. La verdad es que me había pasado un poco y, como medida temporal y hasta que los organismos internacionales dejen de prestar atención al Desastre de la Escuela de Arte, habilité un agujero cóncavo que se inunda cuando llueve para que la gente deje ahí tirado el coche. Es insuficiente, pero calla al personal y en el momento menos pensado lo quitaré para que la gente aprenda a sufrir de verdad. Que lo quereis todo.

A lo que vamos: Pasé justo a la hora bestia, las dos menos veinte. El agujero de tirar el coche presentaba este aspecto:



No se ve en la foto, pero bastantes padres inteligentes taparon la zona de dar la vuelta. Otros tapaban la entrada. Y otros, como sí que se ve, lo dejaban en medio directamente.

Y la plaza de arriba, llena de madres en doble y triple fila esperando a los churumbeles que tenían que salir de un momento a otro. En una placilla que hay en medio, también se agolpaban los coches en medio de la calle y debajo de unas señales que prohibían pararse ahí.



Si, ya se que no se ve muy bien pero es que me pilló la escena de sorpresa y no llevaba cámara de fotos, solo mi cacamóvil. Bien, ahí se ve una curiosa aglomeración de coches pero tampoco es para tanto. ¿No? Pues es que tal cual iba avanzando, llegó justo la hora de salir del colegio y se produjo la avalancha de niños buscando a la madre que los parió. Y viceversa, miles de madres como locas esperando a sus hijos y llevándoselos al coche rápidamente para huir del monstruo que se venía encima, que tardó poco en llegar: El autobús :)

Así es, cual King Kong enfurecido llegó el autobús que tenía que pasar por la zona reservada para él que estaba llena de coches y por la placilla, que también. Y no cabía. Y los padres rezagados que apuraron hasta el último minuto y llegaron tarde, detrás, sin poder llegar a la mismísima puerta del colegio para recoger a los hijos que tienen prohibido recorrer más de 2 metros fuera del colegio no vaya a ser que lo violen.



El bus intentó dar la vuelta como pudo, pero no entraba ni salía de ningún lado. Ni siquiera subiendose a la plaza podía avanzar, porque una madre estaba aparcada en el puto medio de la calle y ni siquiera ante el aluvión de cláxons movió el coche (tenía que salir su pequeño Adrián).

Otros intentaban salir y se encontraban con los que querían entrar. Sobran palabras.



Y lo mejor que el otro autobús estaba aparcado usando el carril de salida de la calle. En la siguiente foto podeis ver hasta dónde llega la cola de entrada, que es el mismo sitio por donde tienen que salir. Bueno, hice las fotos y me piré a los 10/15 minutos y ahí no avanzó ni Dios. Y me alejé y me alejé, y seguía oyendo los miles de cláxons. No se como se resolvería el conflicto. Imagino que el pequeño Adrián saldría de una puta vez con su mochila carrito y la madre, ajena completamente al desastre, lo montaria en el coche, le pondría bien la solapa y se lo llevaría a casa y le daría una colleja por ensuciarse el jersey de Kiabi de chocolate. Aun así no se cómo saldría, porque ya véis hasta donde llegaba el pollo.



Por cierto, al irme no pude resistirme a fotografiar una maravillosa plaza vallada que hay justo al lado del colegio, donde cabrían 50 coches solucionando parte del problema creado por la Escuela de Arte. Y no he podido resistirme porque podeis ver que está vacía.



Y siempre que he ido, está vacía. Pero como dicen los que no se tienen que desplazar por Zaragoza, ¡la ciudad no es un aparcacoches! ¡Es para paseantes!. Así que, a joderse tocan...

1 comentario:

  1. Ya ves, asi nos van las cosas jaja dios mio en fin ¿como se puede aguantar todo esto? ¿algún remedio?.

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