jueves, 3 de enero de 2008

Waiter, there's a fly in my soup

Hay que reinventarse y buscar nuevas formas de tortura para los zaragozanos. Y qué mejor forma que hacerlo que con el terrorismo hostelero. Para iniciarme en tan profunda materia, me he hecho en los últimos meses con unos cuantos bares y restaurantes, para ir destruyendo poco a poco.

En muchos trabajos hay una serie de capataces (que los trabajadores desconocen) y que van de vez en cuando a hacerse pasar por clientes para evaluar qué servicio se está dando. Hoy, acompañado de la fotógrafa oficial del blog, he hecho eso con uno de mis restaurantes de un gran centro comercial del Actur (aprovechando que dan 2 horas gratis de parking) y, la verdad, he quedado impresionado. ¡Dignos del mismísimo Sylar!

Es un sitio bastante pichi. De estos de colorines chillones, platitos de carámica cuadrados, poca comida y precio alto (diez aurelios el menú del día), aunque bueno, en este gran centro comercial ninguno baja de ese precio. Esto al comenzar me ha dado mala espina, ¡les pago para que destruyan! No para que sean un sitio agradable. Pero después se han ganado mi confianza.

La cosa comienza cuando te pones en una de las mesas libres que hay llenas de restos de los anteriores comensales. Y te sientas en esa porque no hay ninguna limpia. Después de esperar 15 minutos a que vengan, aparece una camarera y dice "hey! vosotros sois nuevos!" (no señora, llevamos aqui ya un rato). 10 minutos más tarde se llevan los restos. 5 minutos más tarde ponen la mesa (con visible torpeza).

Un rato después viene un camarero con horchata en las venas drogado con Valium a tomar nota:

-¿Qué va a tomar el caballero?
-Arroz a la cubana.
-Espera eh... esto... -se va un momentito- no me queda arroz a la cubana.

¡Perfecto! El resto de platos disponible era mucho más elaborado que un triste arroz a la cubana, ¡y no tiene arroz a la cubana! ¡Si se hace en 10 minutos! Joder si se te acaba el arroz, pon a cocer más que no cuesta nada y es lo más barato que hay. Bueno, es una forma original de destruir al cliente.

Mi acompañante se ha decidido por una deliciosa ensalada de piquillos con varios tipos de queso. Una gran elección, sin duda, hasta que la han traido. ¡Grandes destructores estos cocineros! Para todos ustedes, Giovanni Rana presenta su Ensalada-roscón de Reyes:



Si señor, con sorpresa de código de barras y precio de 5,75€ (el precio no se lee muy bien). ¡En mi vida había visto tal genialidad! Y menos en un sitio con una decoración exquisita.

Bueno, la verdad es que luego le ha fallado un poco que las costillas al roquefort y el lenguado estaban cojonudísimos. Pero el resto de destrucciones lo hacen digno de grandes maestros del terrorismo hostelero como Tyler Durden.

Total, una hora y media para comer un triste menú del día con sorpresa incluida... y 20 euros la broma. Magnífico. Mis felicitaciones.

1 comentario:

  1. Que bastardos, yo no se si se creen que somos imbéciles o por el contrario es una gran conspiración para unificar tarifas abusivas y sangrarte hasta el último leuro de tu bolsillo.
    Los centros comerciales cada día me dan más asco (Si es posible...)

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